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2 de Enero de 2011.

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito y, cuando lo conseguís, los hacéis más hijo del infierno que vosotros.” Mateo 23:15

Un prosélito es aquella persona que decide seguir un movimiento, ya sea político, religioso, esotérico, o cualquier otro basado en alguna filosofía o práctica. Estos movimientos son fundados por un líder y en cuanto a su existencia a través del tiempo, se dividen en dos grupos: aquellos que se terminan cuando el fundador deja esta tierra y los que siguen aún después que el fundador se va hacia donde será su lugar para la eternidad. Hay movimientos de movimientos, hay filosofías de filosofías, hay líderes de líderes, y todos tienen en común que ofrecen algo que va desde un futuro más allá de esta vida, hasta una recompensa temporal en la tierra. Para fijar extremos, pensemos en aquellos movimientos que ofrecen la llegada al paraíso, lugar que es diseñado de acuerdo a la oferta. En efecto, los hay paraísos llenos de placeres y de vida disoluta, otros que dan lo más anhelado por el humano, la paz eterna, y otros, que prometen integrarse a un todo que es la razón del universo. Y esta pequeña lista, no termina las posibilidades presentadas a la consideración de los posibles prosélitos. En el otro extremo, encontramos a los que abrazan un movimiento ante la posibilidad de obtener un empleo o mejorar el que ya tienen, aunque algunos se unen para pasar a ‘mejor vida’ llena de recursos económicos, bajo la consigna, *no me den sino pónganme donde hay*. Así, podemos entender que hay una gran gama de movimientos y por lo consiguiente de prosélitos. Hoy hablaremos de los prosélitos y del esfuerzo que se hace para obtener uno, y para eso, utilizaremos esta alocución de nuestro Señor.

La primera dimensión que presenta Jesucristo es a los que ya son prosélitos y que están convencidos de la filosofía del movimiento o ya se adueñaron de las posibilidades que ofrece si obtienen una victoria. Notemos que están convencidos de lo que persiguen, ya sea porque obtendrán un beneficio aquí en la tierra, o porque creen *a píe juntillas* en la filosofía. Lo cierto es que hacen un esfuerzo y el Maestro lo define claramente: recorren mar y tierra. Meditemos un momento en esta realidad. Es innegable que todos hemos visto y oído de gente que hace esto para convencer a alguien que se incorpore al movimiento: la estrategia diseñada por los que dirigen el movimiento es tan especial que sus seguidores hacen esfuerzos muchas veces calificados de sobre humanos. Vemos aquí dos cosas, una, lo atractivo del planteamiento y otros, la forma como lo adoptan. Tocan puertas de casa en casa, convencen de asistir a eventos, regalan cosas, montan presentaciones atractivas, en fin, formas ¡hay muchas!, a cual más ingeniosa. Nos interesa resaltar el esfuerzo: recorren mar y tierra, lo que significa hasta llegar a la renuncia de muchas cosas. ¡Buen punto para atender!

La segunda dimensión es el prosélito en sí. Es interesante como se llegan a convencer de seguir el movimiento y cuando este no se basa en una filosofía congruente con la realidad, muchas veces nos extrañamos y preguntamos alarmados, *¿Cómo es posible que crean en eso?* Pero, creen y hemos visto esposas y esposos perder su hogar por adoptar una práctica que les absorbe la mente, hijos que dejan su familia para incluso vivir en promiscuidad, gente que arriesga todo por nada, y así, el mundo está lleno de prosélitos que convencidos de algo, divagan perdiéndose en la bruma. Es cierto, hoy hemos abierto la posibilidad a movimientos de toda índole, y lo hacemos con el objetivo de alertar a todos los lectores a tener cuidado de las sutilezas que en todo campo se presentan. Prosélito, una calidad que se debe tener cuidado adoptar así por así. Por algo Jesucristo calificó a los promotores de hipócritas. ¡Otro buen punto, ¿no?!

Pero la tercera dimensión es impresionante. El Maestro no tiene reparos en advertir el resultado de esta relación, entre los que hacen prosélitos recorriendo mar y tierra, y los prosélitos en sí: ¡lo hacen más hijos del infierno que ellos! ¡Vaya perspectiva! La invitación es a irse al infierno, tipificado como el lugar del castigo eterno. ¿Porque, están convencidos?, ¿porque, no quieren irse solos? Lo cierto es que los prosélitos llegan a ser *dos veces más hijos del infierno que los que los reclutan*. ¡Buen punto de conclusión, ¿no?!

Cuando pensamos en esto entendemos el trabajo que tenemos: divulgar que solo Cristo salva.

Cristo tocó un tema de todos los tiempos, ¿qué piensas hacer? Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus.