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20 de Mayo 2012.

“Porque Mecedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén.” Romanos 15:26

María la hermana de Lázaro se esmeró al comprar la libra de perfume de nardo, del mejor, de mucho precio.* *Me gusta la actitud de esta mujer: no escatimó precio, porque era para ungir los píes de aquel que amaba y que le enseñaba sobre su relación con Dios. Porque María estaba agradecida con Jesús su Maestro, y lo quería honrar. No es el tema de hoy pero, ¿verdad que lo hace a uno meditar sobre esta acción de agradecimiento y honra al Hijo de Dios? Lo mejor, con mucho esfuerzo, para Jesucristo. ¡Vaya por esta María!, nos deja pensativos. Pero sigamos.

Cuando Judas Iscariote ve esto, ¡ah!, deja salir el comentario del avaro, del que no quiere honrar a Dios sino solo pensar *como el azadón. *Y, hace lo que muchos, *recostarse en los pobres. *Y piensa que mejor se hubiera vendido el perfume para darlo a los mismos protagonistas de todos los tiempos, los pobres, los que tienen menos, los que padecen de necesidades económicas. La pregunta es, si Judas hubiera tenido ese dinero, ¿lo hubiera dado a los pobres? Completemos el escenario. Jesucristo le dice que pobres siempre habría y que María para su sepultura lo estaba ungiendo. Otro buen tema, para meditar, pero centrémonos en nuestro tema de hoy.

Siempre habrá pobres, y, aún entre los que siguen a Dios, y que buscan actuar de acuerdo a los principios de Dios. Veamos el escenario que nos muestra el apóstol Pablo en este pasaje de su carta a los Romanos: los miembros de las iglesias de Macedonia y Acaya recogieron una ofrenda para los pobres de la iglesia de Jerusalén. Y nos preguntamos. ¿Por qué hay pobres?, ¿por qué existen? Bueno podemos hablar de iniciativa, de distribución de la riqueza, de injusticia, vamos, podemos elucubrar sobre las razones que *respaldan *este azote de todas las sociedades de todos los tiempos. Hasta podemos traer a nuestro escenario las soluciones eleccionarias de los candidatos, pero, hoy los queremos llevar a una razón más que interesante. Hagámoslo a manera de pregunta, como confrontación. ¿Será que los pobres están para bendecirnos? ¿Cómo así?

Solo invoquemos uno de los tantos versículos que hablan del tema. Vamos a Proverbios 19:17, “A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.” ¡Vaya!, Dios le debe al que le da al pobre. ¡Que dimensión! ¿Nos imaginamos que por atender a los pobres de nuestro escenario Dios nos es deudor? Y claro que sabemos que no podemos hacer nada tan especial que igualemos lo que Dios ha hecho por nosotros, pero, la misericordia de Dios, nos permite ser bendecidos porque hay pobres y porque tenemos la oportunidad de atenderlos. Yo creo, no se ustedes, que muchos van a dejar la meditación, van a levantarse, para ir a darle a los pobres, que, estamos seguros tiene bien identificados. Buen punto, ¿no?

Entonces, ¿podemos identificar a los que tienen necesidad y asisten a nuestra congregación? A la vuelta de la esquina de nuestra casa. Cerca del trabajo. Por donde pasamos. ¿Nos damos cuenta de las oportunidades de prestarle a Dios que tenemos todos los días? Porque, no nos escondemos en la excusa social que presentó Judas, ¿verdad? *Mejor dárselo a los pobres, eso que estamos haciendo para la iglesia, eso que se gasta en tal o cual evento. *Claro, pero, ¿por qué no damos al pobre de eso que sí tenemos? Excusas, hay. Muros en donde esconderse, sobran. Pero, afrontar la responsabilidad de auxiliar al necesitado, es una tarea que tenemos todos, todos.

* *

Tú y yo, ¿lo habías pensado? Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, oportunidades, ¿cierto?

PEQUEÑO

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19 de Mayo 2012

“Porque soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol porque perseguí a la iglesia de Dios.” 1 Corintios 15:9

La concepción del tamaño de uno tiene tres dimensiones: la que uno concibe, la que conciben los demás y la que concibe Dios. Podemos pensar que hay una cuarta que consiste en la que se tiene en realidad, pero esta, es igual a la de Dios, porque en su perfección no se equivoca. Y es interesante, porque encontrar una justa dimensión en la concepción que cada uno tiene de sí mismo, evita frustraciones y desencantos. Meditemos sobre esto.

Pablo está hablando de la resurrección de los muertos y presenta una de las características que en algunos exégetas otorgan al que se puede calificar de apóstol: ver personalmente a Jesucristo. Y aclaramos, no entremos a considerar esta característica y solo lo mencionamos para resaltar el hecho. Bien, y dentro de esta evidencia de la resurrección de Cristo, dice que “… y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.” Cristo resucitado es visto por varios de los que estuvieron con él cuando ejerció su ministerio de tres años en la tierra, y cuando ya se fue de regreso a su Reino, tiene cuidado de aparecérsele a Saulo, para llamarlo al ministerio durante el cual, el ahora llamado Pablo, funda muchas iglesias llevando el evangelio al mundo conocido de la época. Podemos decir, *privilegio de privilegios. *

* *

Bien. Un llamado personal de Cristo, el protagonista por excelencia del evangelio, cuando ya se había marchado a su Reino luego de vencer la muerte. El encargo de testificar de la resurrección de Cristo. Un ministerio de grandes proporciones. Un cambio total de rumbo en su vida. La misericordia evidente de Dios utilizando para su propósito a alguien que por desconocimiento lo perseguía a través de sus redimidos. En conclusión: todo para creerse alguien muy grande. Aclaramos cómo se dice en las publicaciones: si alguien se siente identificado con el caso de Pablo, pues es pura coincidencia. Pero, Pablo, a pesar de todo esto que decimos, se confiesa el más pequeño de los apóstoles. ¿Humildad? ¿Justa dimensión? ¿Conocimiento de la realidad? Lo cierto es que sea lo que sea, este nuestro Pablo, sí sabe su ubicación.

Podemos decir que Dios tenía una dimensión de su tamaño diferente. Pero Pablo lo define de una manera muy especial, leamos el siguiente versículo. “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo.” ¡Vaya!, esto me gusta. La gracia, el regalo, porque Dios quiso por misericordia, dárselo. Y él, se esfuerza sabiendo que Dios es el que hace. Ni siquiera se aplaude por haber trabajado más que todos, antes lo asigna al regalo de Dios.

No sabemos de qué tamaño se precia cada uno, no sabemos si trabaja mucho o poco por la causa de Cristo. Tampoco sabemos cuánto Dios ha cambiado a cada uno, de donde lo sacó, que cosas tiene en su pasado que posiblemente le avergüenza. Pero, y esto es de capital importancia, confesar que es Dios, su misericordia y su gracia, lo que hace que uno sea lo que sea, ¡ah!, hace la diferencia en la concepción de tamaño. Insisto, me gusta mucho esta dimensión que plantea el apóstol Pablo, no sé ustedes, pero a mí me impresiona.

Y tú, ¿de qué tamaño te consideras?

Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, por la misericordia y regalo de Dios, escribiendo.

AMOR DE DIOS

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18 de Mayo 2012

“Y les he dado a conocer tu nombre, *y lo daré a conocer aún*, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.” San Juan 17:26 (El subrayado es mi ocurrencia)

Hay preguntas de difícil respuesta pero que los humanos tenemos dentro de nuestro lenguaje costumbrista. Por ejemplo: ¿a quién amas más, a papá o a mamá? Y, por decirlo y repetirlo, ni siquiera sabemos que estamos preguntando. Ahora hagámosla de otra forma y en otra dirección. A ver: ¿Cuánto amas?, bueno a todos. Está bien, a Dios. A aquel, a aquella. Vamos, ¿puedes responder? ¡Difícil, ¿no?! Porque ¿puedes medir el amor? O, ¿será que se trata de calidad de amor? Posiblemente ni lo has pensado, aunque ¡cada rato lo preguntas! ¿*Me amas?* El mismo Maestro se lo preguntó a Pedro, (Juan 21), “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?” ¿Vemos?, no solo *me amas *sino *más que estos. *¡Vaya!, Matías lo amaba así, de este tamaño, y Juan asá, de este otro, ¿y Tomás el incrédulo?, así de pequeñito, ¿o mucho? ¿Y Judas Iscariote? ¡Pues no lo amaba!, ¿o sí? Muchas preguntas para una meditación y un día.

Pero me sigue gustando la forma como Jesucristo dice las cosas y como Juan el apóstol amado las traslada. Y me gusta esto: “Y lo daré a conocer aún”, y me gusta porque si es que el amor se puede medir, y si es que se le puede clasificar por la calidad, el Maestro todavía sigue enseñando como amar más y como tener un amor de calidad. ¿Verdad que es más que prometedor? Aprender a amar, ¿Quién no quiere? ¿Quién no lo anhela? *Fulano sí sabe amar, mucho y de calidad. *¡Ah!, interesante dimensión de conceptos. ¿Meditamos sobre esto?

Primero veamos la cadena que plantea. Inicia con la forma de amar *a ritmo de bien*. Dice: que es dando a conocer el nombre de Dios. Leamos bien: “Y les he dado a conocer tu nombre”, ¡Ah!, es conociendo el nombre de Dios como se ama, e insistimos, *a ritmo de bien. *Es decir, bastante y de calidad. Entonces la pregunta es obligada en esta meditación llena de exclamaciones: ¿Cuánto conoces el nombre de Dios? El nombre de Dios encierra mucho contenido. Cuando Moisés le preguntó a Dios sobre la forma de presentarlo ante los israelitas, le contestó de una forma misteriosa y de mucha profundidad: YO SOY EL QUE SOY. No se puede traducir a nuestro lenguaje ni a ningún otro, esta expresión (la original dicha a Moisés), pero tratemos de entenderla. Podemos decir que es todo, sin origen, sin principio, todo, todo lo que existe, la sustancia, en fin: Dios es Dios y su nombre es lo más poderoso que existe. Y conociendo sobre su nombre, aprendemos a amar. Y, ¿Quién nos enseña? Paremos un momento.

Dice el Maestro que Él, nos enseña a través del Espíritu Santo, quien nos dirá lo que Él y el Padre le diga. ¿Se recuerdan?: “porque tomará de lo mío y os lo hará saber”. Pero, ¿ya habrá enseñado todo sobre el nombre de Dios? Esto es lo maravilloso y esperanzador: “*y lo daré a conocer aún”*. Todavía falta, todavía falta, y todavía sigue faltando. Es como si dijera que todos los días Jesucristo, nuestro Maestro, nos enseña más sobre el nombre de Dios. Entonces, ¿importa cuánto amas y si es de calidad? Yo digo que sí y no. Sí porque siempre queremos llegar a amar como Dios ama, y no, porque todos los días nos enseña a hacerlo mejor. ¿Gritas?, ¿alabas?, ¿bendices su nombre? “El amor con que me has amado”, el amor de Dios, en nosotros y, claro que Cristo también.

¿Viste?, por eso cada vez te llevas mejor con los tuyos. O, ¿no es cierto?

Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, si no, esta meditación es para que te confrontes.

DEL AMOR AL ODIO

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17 de Mayo 2012

“Luego la aborreció Amnón con tan gran aborrecimiento, que el odio con que la aborreció fue mayor que el amor con que la había amado. Y le dijo Amnón: Levántate, y vete”

2 Samuel 13:15

Así somos los humanos y así es este sentimiento llamado amor. De repente, aquel amor tan grande con el que amamos a alguien, llega a ser un odio tan intenso, que ni nosotros mismos entendemos que pasó. Paremos para preguntar, ¿les ha pasado? Y lo más inquietante, ¿Por qué? Este nuestro protagonista de hoy *se mandó. *¿Qué le pasaría? Revisemos la historia.

Se enamora de su hermana, hija de su padre más no de su madre, lo que se llama, *hermana solo de papá. *Y se enamora tanto que hasta se enfermó: “Y estaba Amnón angustiado hasta enfermarse por Tamar su hermana”. ¡Qué amor, ¿no?! ¿Amor del bueno? ¡Ah!, lo que pasa cuando el amor se basa en razones no propias, irracionales, desenfrenadas, de tal naturaleza, que el protagonista pierde el control de sí mismo. Y esto es de meditarlo, porque el tema llega a ser tan importante que el sentimiento *arrastra con toda una vida, *hasta llega a destruir lo que se ha construido en mucho tiempo. Pasión, como carburante del amor, pero una mala pasión. Ayudemos a Amnón, ¿qué debería haber hecho? Buena pregunta y mejor respuesta. Todos coincidimos en el consejo: busca ayuda Amnón. ¿Cierto?

Y eso hizo, buscó ayuda, o mejor dicho, se dejó ayudar. Pero la instancia que lo ayudó no era precisamente la mejor: apareció Jonadab, su amigo hijo de Simea, que “era hombre muy astuto”. Y la astucia es buena para conseguir lo que se desea, el problema es ‘lo que se desea’, y, si lo que se desea no es bueno, pues los resultados llegarán a ser malos. Claro, que si lo que se desea es bueno, * de buen nombre,* los resultados serán igualmente buenos. Y, Amnón, logró conquistar, poseer y dominar a su hermana, de la cual estaba *perdidamente enamorado. *¿Podemos parar?

La instancia a la que se acude además de ser astuta, debería ser de buenos principios. Porque alguien de buenos principios, no aconsejaría algo malo. Otra vez, ¿cierto? Y Amnón lo logra, el objeto de su deseo y de su amor, fue suyo. Y luego, la aborrece, la odia más que el amor que sintió por ella. Pero, ¿qué le pasó a este Amnón? Loco, malo, inhumano, controversial, ¡quien lo entiende! Yo no, y si alguien puede hacerlo que nos ayude.

Pasó del amor al odio, y este aumentado y corregido, así en *un tras *de dedos. Interesante, ¿no? ¿A alguien le ha pasado? Lo que podemos inferir de esta experiencia de Amnón es que no se puede garantizar la estabilidad de los sentimientos humanos. Hoy, *cacheteando el asfalto * y mañana, totalmente fastidiado. Hoy, entusiasmado por aquel proyecto, y hoy que estamos trabajando en él, *¡más aburridos que camarón en salda de ostras! *¿Quién nos entiende?

Tenemos que apuntar una de las razones, sin agotar el tema. Cuando los sentimientos, las pretensiones, los anhelos, en fin, todo lo que sentimos y queremos, como las metas, están basados en malos principios, las cosas no pueden terminar bien. Entonces, el amor puede ser bueno o malo, depende de la base. Pero el amor de Dios como veremos, es bueno, y la forma de aprenderlo es conocer el nombre de Dios, que es lo mismo que sujetarse al Espíritu. ¡Ah!, quiere decir que el que no se sujeta, pues no es estable, y puede cambiar así, como *un tras *de dedos. Y nosotros podemos ser *el blanco *del desamor. ¿Aprendemos a administrar esto? Por eso, léeme mañana.

Para que no te decepciones, ¡a cada rato!

Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, ¡vaya tema!

EJERCICIO DE LA POTESTAD

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16 de Mayo 2012

“Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.” San Juan 16:15

Cuando alguien recibe el mandato de ejercer el poder sobre algo, puede o no delegarlo, y esto también es parte de la potestad que recibe. Así, el presidente de un país delega en sus funcionarios el ejercicio del poder; el gerente de una empresa, en sus subalternos, y así, podemos mencionar varios escenarios. Sin embargo, hay encargos que no se pueden delegar, como el poder que una persona o empresa otorga a un representante y este se declara no transmisible. Entonces, hay encargos delegables y encargos no delegables. Un ejemplo que puede tornarse divertido: una persona puede delegar en otra el que lo represente para contraer nupcias, pero no puede delegar el consumar el matrimonio con todo lo que esta institución representa.

Ayer hablamos de potestad, de poder y meditamos sobre el hecho que Dios el Creador de todo lo que existe y que tiene el poder más grande del universo, le dio esa potestad a su Hijo Jesucristo, y este, a todos lo que creemos en Él. Pero, ¿cómo nos da el poder? Bien ese es el tema de hoy.

Empecemos en negativo. Dice el verso 23 del 15, “El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece”. Entonces debemos excluir a todos lo que no siguen a Cristo, y es interesante que la exclusión sea drástica y de un nivel preocupante. En efecto dice, “aborrece”, o sea que no solo lo rechazan sino que lo aborrecen. De manera que concluimos que esta potestad, no es para todos, se excluye a los que aborrecen a Cristo. Interesante, ¿no? Bien, pero entonces concentremos nuestro análisis en los que sí, en los que no solo no aborrecen a Cristo, sino que lo aman, lo siguen, y, los que, como Él dijo, cumplen sus mandamientos. ¿Nos incluimos?, yo sé que sí.

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere y os hará saber las cosas que habrán de venir”. Esta es entonces, la forma como Cristo nos dará la potestad que el Padre le dio: a través del Espíritu Santo que vino al mundo precisamente el día del Pentecostés. (Hechos 1) Y desde entonces hace lo que dice el versículo base *toma lo que es de Cristo y nos lo hace saber. *Y en esta forma, la potestad que Cristo recibió, nos la da a nosotros.

Ahora fue claro Cristo cuando dijo que la delegación era para hacer las obras que Él hizo, y más grandes. Y la razón de esto último es porque desde su posición en el cielo intercede por nosotros, pero, y esto es de atender, el poder que Cristo nos delega, no es para hacer las obras del enemigo de Dios. ¿Vemos el punto? Hay una condición y esa condición es determinante: nadie puede hacer el mal utilizando el poder del Espíritu Santo; la Biblia lo declara diciendo que lo que no es de Dios, contra Dios es. De tal suerte que no hay donde perderse, pero el peligro de la simulación sí existe. En el versículo 1 del 16, lo dice claramente el Maestro: “Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo.”

Me vuelve a gustar esta verdad, y me gusta porque el Espíritu Santo está dispuesto tanto a que el poder de Dios actúe en nosotros y a través de nosotros, como a guiarnos en todo.

Es tú decisión actuar con el poder de Dios.

Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus.

POTESTAD

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15 de Mayo 2012

“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” San Marcos 28:18

Se terminó la inducción presencial. El Maestro tiene que regresar a su lugar de origen y enfrente tiene a todos sus discípulos que lo acompañaron en el periodo de enseñanza durante el cual, además, cumplió una misión por demás trascendental para la raza humana. Todo estaba hecho, y tal como lo acostumbran los que sí saben hacer las cosas y no se conforman con un medio esfuerzo, el proceso, tanto de enseñanza como *de rescate al humano,*se hizo en forma perfecta, no quedó nada por hacer, ni, insistamos, nada *a medio terminar. *Ahora, satisfecho, pudo ver como vio su Padre cuando terminó de crear todo lo que existe: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno de gran manera.” (Génesis 1:31). Así Jesús, frente a sus discípulos, vio todo el proceso, todo lo que enseñó, todos los milagros que realizó, toda su obra redentora, todo lo que se dice todo, y nada, *se quedó en el tintero y por hacer, *pero además, ERA BUENO EN GRAN MANERA. Se debe levantar la voz, ¿no?

¿Cómo debía expresar todo esto el Maestro? Tenía que entregar la estafeta, tenía que decirles a sus discípulos que hicieran todo como él lo hizo, como él lo enseñó. Es como si les hubiera dicho: *Ya completé mi obra, ahora les toca seguir a ustedes. *Y me gusta la forma como lo dijo, me gusta y mucho el contenido de este mensaje antes de dar la Gran Comisión. Y me gusta porque encierra todo lo que debemos saber, todo en lo que debemos basar nuestro ministerio. Porque, se me olvidaba: es que Jesús, el Maestro, además de darles la Gran Comisión a sus discípulos se la dio a todos los que creyeran después de ellos, y claro que allí estamos incluidos tú y yo, ellos y ellas, nosotros, sí los que hoy leemos esta meditación. Regresemos. ¿A ustedes les gusta como lo dijo? Ahora sé que se van a enamorar de esta forma que usó nuestro Señor. Copiémosla nuevamente.

“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” Toda, es toda, no queda nada afuera en cuanto a poder se refiera. Por favor, ¿ven la profundidad? Repitámosla levantando la voz, es que es necesario, es más gritémoslo, ¿me acompañan? TODA POTESTAD, otra vez y ahora más alto, TODA POTESTAD. Toda todita, todo el poder que tiene Dios, que puede dar Dios, el Dios Todopoderoso. ¡Ah!, Dios se lo dio a su Hijo Jesucristo, a Él nuestro Señor y Maestro. Y, ¿para dónde? ¡Ah!, otra profundidad.

Dice que en el cielo y en la tierra. ¿Lo gritamos también? EN EL CIELO Y EN LA TIERRA. Bueno, ahora entendemos cuando dijo que lo que atamos en la tierra será atado en el cielo, ¿nos recordamos? Bueno, ¿acaso no es una verdad gloriosa? TODA POTESTAD ME ES DADA EN EL CIELO Y EL LA TIERRA, perdón, otra vez levanté la voz.

Y esa potestad es dada a los que creen, es dada a los hijos de Dios por medio de la victoria de Cristo en la cruz, y trasladada a nosotros, por eso, en el siguiente verso, en el 19, inicia con las palabras, “Por tanto”, POR TANTO, POR TANTO, ID, con esa potestad, con ese poder en el cielo y en la tierra. Tremendo, ¿no? Interesante, ¿no? Más, mucho más que esto.

¿Te animas a ir?, sí con toda esa potestad que le dieron a nuestro Señor y que Él nos da a nosotros. ¿Vemos el punto? ¿Qué haces entonces allí quieto y deprimido?

Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, por eso te escribo, por eso divulgo el evangelio.

TODAS SUS JORNADAS

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* *

13 de Mayo de 2012.

“Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas.” Éxodo 40:38

El concepto de jornada dice el diccionario Larousse que es “El camino que se anda en un día.” Y para efecto de nuestra meditación de hoy es bastante gráfico. Claro, podemos hablar de pequeñas jornadas y grandes jornadas, para identificar la medida aplicada a otros eventos. Así hay jornadas de unas horas, de un trecho de camino, de varios días, en fin, jornada es pues, las partes en que dividimos un proceso total. Pero, insisto, quedémonos con el concepto base. Jornada es un día de trabajo, un día de vida, eso que hoy hemos iniciado. Puede ser que la meditación se lea al inicio del día, y entonces diremos, la jornada que hoy iniciamos. O, que se lea en la noche, y entonces diremos, la jornada de hoy que está terminando. Y, ya al inicio, ya al final, ya a la mitad, queremos meditar sobre las jornadas, todas las que vivimos, y viviremos en nuestra estancia aquí en la tierra.

Todas su jornadas, y cambiemos la persona y digamos, todas nuestras jornadas o todas tus jornadas, o mías, lo cierto es que queremos particularizar. ¿Podemos pensar en todos los días que hemos vivido y que viviremos? Estas son las jornadas, y la encerramos, porque así nos conviene, en lo absoluto de la palabra ‘todas’. Ni una se queda afuera. Ahora, cuando decimos todas, incluimos el cargamento que cada jornada trae: todo lo que vivimos en una jornada está matizado por los hechos del pasado, los hechos nuevos y los que no se han estrenado. Y que surgen en una jornada determinada. Es decir, algunas jornadas son así de rutinarias, aburridas podemos decir, y otras, sí que hacen la diferencia. ¿Nos situamos en el tema? Es como si dijéramos: sale el sol, se inicia el día, avanza, suceden cosas, llega la noche, y, *san se acabó*. Esto es una jornada, y hoy incluiremos todas las jornadas en la meditación.

Y allí estaban los israelitas viviendo todas sus jornadas, las de la época, ¿desierto por 40años?, ¿agua amarga?, ¿maná del cielo?, ¿desobediencias?, ¿aciertos?, ¿rebeldías?, ¿cansancio de Moisés?, ¿enojo de Dios, sí, todas sus jornadas con todo el cargamento que suelen traer. Como las nuestras. Y si vemos el versículo que hoy nos ocupa, la presencia de Dios representada por la columna de fuego y la nube, una de noche y otra de día, estaba en forma permanente, siempre, en todas sus jornadas o sea en todos los días. Pero regresemos un poquito a los versos 36 y 37, y completemos el escenario con lo que pasaba en la nube. ¿Listos?

Dice que “si la nube se alzaba, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas; pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba.” Paremos un momento. ¿Nos podemos imaginar? Si Dios indicaba, se caminaba, y si no, pues no se caminaba. Insistimos, ¿nos podemos imaginar? Si Dios nos dice, caminamos, y si no, pues nos quedamos quietos. ¿Nos gustaría una guía como esta?

Me gusta sumergirme en este pasaje, y mucho, porque se ve la presencia de Dios en forma permanente en esta etapa del pueblo de Israel. Y me gusta, porque dice la Palabra que Dios no ha cambiado, ni cambiará, y esto tiene que ver con la vida de sus hijos. Y nosotros somos sus hijos. ¡Ah!, quiere decir que Dios está dispuesto a guiarnos en todas nuestras jornadas, y ahora, por medio de su Espíritu. ¿Será que es porque no le hacemos caso, que tenemos problemas?

Vamos a ver, ¿qué piensas? Conviene meditar, ¿no?

Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus.

JUSTO RECLAMO

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12 de Mayo 2012

“El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? Y si soy yo señor, ¿dónde está mi temor?, dice Jehová de los ejércitos oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre” Malaquías 1:6

El reclamo de Jehová a los sacerdotes de Israel se basa en una ordenanza de Dios para las relaciones horizontales. Expliquemos. Los diez mandamientos dados en el Monte Horeb se dividen en dos partes: los que tienen que ver con la relación del hombre con Dios, los primeros cuatro, y los que norman las relaciones horizontales, los otros seis. Y el primero de estos seis, es el que identifica la Biblia como el primer mandamiento con promesa, y que promete larga vida al que lo cumple. Se refiere a la honra que debemos dar a nuestros padres terrenales. Y es interesante esto, porque si estudiamos los primeros cuatro mandamientos, no hay promesa incluida si se cumplen, ni para los otros cinco, después del que nos ocupa. Pero, al enunciar el quinto y primero de las relaciones horizontales, la promesa está muy pero muy clara. Empecemos hoy, hablando de esto.

Dice, “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.” Claro, ¿no? Los días, no importa cuantos, se alargan en la tierra, para el que honra a sus padres. Alargar se puede interpretar como muchos días, o como días largos, y esto es de atender: la honra alarga, hace muchos, sacian, son suficientes, y, ojo, desde cualquier lado que se le vea. Transformemos esto en pregunta discriminando la respuesta: ¿quieres tener una vida en que tus días se alarguen? De tal forma que al terminar tu vida, hayas quedado satisfecho (a), hayas hecho todo lo que debías, hayas vivido pues, *plenamente*. ¿Sí quieres?, pues es muy sencilla la respuesta, y, discriminatoria. Honra a tus padres, solo hónralos. ¿Discriminatoria? Sí porque, si no quieres una vida así, pues es también de fácil respuesta, sencilla: pues no los honres. Así de sencillo. Tienes el derecho de elegir. ¿Viste?

Ahora, reclama Dios, y lo hace también tan claro como el agua. Tienes padres terrenales a quienes honrar, y, luego te atreves a llamar a Dios, Padre, y, por favor atender, ¡no lo honras! ¡Vaya!, ¿será que es porque no honras a tus padres? O lo que es lo mismo, como dijo Jesucristo: ni no se es capaz de honrar a tus padres que los miras, que los tocas, que los tienes en tu escenario terrenal, ¿cómo?, y seamos puntuales, ¿honrarás a Dios que no lo miras, ni lo puedes tocar, ni está en tú escenario terrenal, así, físicamente? Buen punto ¿no? Pero, adicionemos algo: si se honra a los padres, se alargan los días, y, si se honra a Dios, pues te va mejor.

Lo que pasa es que si no se sabe aprovechar la promesa de honrar a los padres, ¿cómo se va a saber aprovechar la promesa de honrar a Dios? Me impacta pensar que es como si dijera Dios que si no lo vamos a honrar, como se honra a un padre, mejor ni lo llamemos padre. ¿Nos gustaría dejar de llamar padre y madre a nuestros padres terrenales? ¡*Cómo no me honras, no me llames padre! *Tenebrosa posibilidad. Y, ¿dejar de llamar Padre a Dios porque no lo honramos? Igual de tenebrosa, y más tenebrosa. Y es que no solo es llamarlo Padre, sino tenerlo como Padre. Vamos, y, ¿llamarle Señor?, ¿si no lo obedecemos? Y, si no le tenemos temor.

*Concluyamos. Sin honra, ni temor, mejor dejemos de llamar Padre y Señor a Dios.*

* *

* *

Tienes el derecho a elegir. Solo tú. Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, ¿fuerte?, sí.

SU PALABRA

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11 de Mayo 2012

“Y habiéndolo hecho, enceraron gran cantidad de peces, y su red se rompía” Lucas 5:6

Hay una gran diferencia cuando se actúa en obediencia, sí, cuando se obedece. Y ayer mientras meditábamos sobre los resultados infructuosos de la jornada de pesca de Pedro y compañeros, me preguntaba que fue lo que hizo la diferencia entre esa jornada sin resultados, y la acción de echar nuevamente la red. La respuesta es de gran impacto: la diferencia es que el Hijo de Dios, habló, ordenó y ellos, los pescadores, pues obedecieron. ¿Así de simple?, sí, así de simple. Recordemos y subrayemos lo que dijo Pedro: “*mas en tu palabra echaré la red”.* *Tu lo dices Señor, y yo obedezco, porque cuando tú hablas, ordenas no sugieres, y sí sabes porque lo dices. *¿Vemos este punto? No fue en el nombre de Jesucristo, que es el más poderoso del universo, no fue por la compañía del Ser más grande que existe, no fue por nada más, fue y resaltémonoslo, porque si Jesucristo lo dijo, obedecerle al pie de la letra trae resultados. Este es el tema de hoy, y podemos decir, esta es la confrontación de hoy. ¿Listos?

Las jornadas son infructuosas desde el punto de vista integral, cuando se actúa fuera de la Palabra. Y es interesante que si bien es cierto a Pedro, Jesucristo se lo dijo en forma presencial y audible, lo que el Hijo de Dios quería decirnos, lo dejó escrito en la Biblia. No es necesario que oigamos voces, de cualquier tipo, para que sepamos como actuar. Digámoslo en otra forma. ¿Quieres saber como lograr que tus jornadas sean exitosas? Actúa de acuerdo a lo que Jesucristo y Dios, dejó en la Palabra. Repetimos, ¿así de simple?, sí, así de simple. Bueno, hay un grado de dificultad, o un grado grande. Meditemos.

Lo primero que debemos entender, es que para seguir una orden, pues hay que conocerla, ¿Cómo queremos conocer las órdenes de Jesucristo si no leemos la Biblia?, ¿si no la estudiamos? Muchas personas se preguntan el por qué no tienen resultados y ni siquiera saben en que marco de referencia deben actuar. Entonces, ¿sigue siendo simple?

Lo segunda es obedecer una de las órdenes más directas de Jesucristo. ¿Se recuerdan que dijo que era mejor entrar ciego al cielo que con dos ojos irse al infierno? Bueno, es que muchos saben que están haciendo lo que no deben, teniendo lo que no deben, ubicados donde no deben, y pretenden que sus resultados cambien, sin dejar lo que no es de acuerdo a los principios de Dios. Entonces, ¿sigue siendo simple?

Lo tercero, que debe de ser lo primero, es entender que cuando Jesucristo habló, no sugirió, no aconsejó, no opinó: Jesucristo ordenó, y por eso Pedro no titubeó en obedecer: habló el Señor, el que manda, el que ordena, el que no permite que se le desobedezca, y Pedro obedeció. Claro, los resultados no se hicieron esperar, “su red se rompía” entonces, ¿sigue siendo simple?

Lo cuarto que hoy traemos a la meditación, es que cuando estamos en situaciones no propias, como que queremos oír de alguien que las cosas pueden adaptarse a nuestro molde, no, *meternos en el molde de Cristo, *o sea de sus ordenanzas. ¿Cierto? Entonces, ¿sigue siendo simple?

Bueno, ¿simple?: la respuesta es sí, pero hacerlo es otra cosa. Por eso dice “esforzados”.

Ó, procuramos, ó luchamos: ¿lo haces? Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, así de simple.

SIN RESULTADOS

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10 de Mayo 2012

“Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, *toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado;* más en tu palabra echaré la red.” San Lucas 5:5 (El subrayado es mío)

Era de noche, su jornada de trabajo, porque, se pesca de noche, no de día. Y esa noche, de desvelo pero de mucho esfuerzo, se iban con las manos vacías. La red a la derecha, y nada. La red a la izquierda, e igualmente nada. En estribor, a babor, y nada, lo que se dice nada. Cambiaron de estrategia y la lanzaron muy despacio, para no hacer ruido, y de peces, nada. Descansaron un momento, posiblemente necesitaban tranquilizarse, y al volverla a lanzar, nada. Se juntaron, hablaron, rediseñaron el procedimiento, vieron el agua, la probaron, hicieron de todo para investigar que pasaba, y llegaron a una conclusión, *los peces se habían ido a vivir su vida, ¡a saber donde! *Y cuando termina la jornada, ¡ah realidad!, ¡las redes vacías!, sin resultados, la noche perdida, jornada infructuosa. Y, ¿si la jornada representa muchos años de vida? ¿Toda?

Hoy queremos entender esta escena narrada por el médico Lucas y sumergirnos en esa jornada de estos pescadores, para traerla a nuestro escenario. Estamos seguros de muchos nos identificaremos son ella, en alguna etapa de nuestra vida, o en toda nuestra vida, o en alguna área, o en todas las áreas. ¿Hemos sentido que hemos vivido una jornada sin resultados? A la derecha, a la izquierda, para adelante, para atrás, de esta forma, de aquella, probando allá, probando acá intentando esto, haciendo caso a lo que nos aconsejan, preguntando, inquiriendo, vamos, de muchas formas, y, ¡pues nada! Insistimos, posiblemente solo en un área, con una persona o grupo de personas, no sabemos, pero hoy queremos confrontarnos.

Y hay frustraciones, hay preocupación, hay desánimo. Como el de Pedrito: nos lo imaginamos con las manos a los costados, rozando las piernas, abiertas en señal de cansancio y de esfuerzo, y claro que moviéndolas para abajo y para arriba. ¿Lo podemos imaginar?: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando”. Ya lo intentamos todo, y toda la jornada, ya hicimos esto y aquello. Y luego, la conclusión, el resultado. Posiblemente mirando a los ojos del Maestro, y moviendo las manos de derecha a izquierda, como cuando decimos con las manos que no hay nada. ¿Podemos imaginarnos? Y cuando esto sucede acompañamos las manos con una mueca de fastidio: “nada hemos pescado”. Paremos un momento.

Ya para que seguir. Nada, por favor elevemos la voz NADA, LO QUE SE DICE NADA. Y luego bajamos las manos en señal de derrota. Hoy queremos confrontarnos a esta realidad que todos, estamos seguros hemos enfrentado. Las circunstancias nos anuncian que no hay nada. Es más, las redes no tienen nada. ¿Podemos ver hacia nuestra alforja? ¡Vaya, por el médico Lucas! Se dejó usar por el Espíritu Santo para mostrarnos esta escena. ¿Cierto?

Pero algo pasó en Pedro. Algo de lo que oyó que Jesús enseñó. Posiblemente los milagros, posiblemente la forma como Jesús le miró cuando él hablaba. Porque Jesús le miraba, es indudable. Él siempre lo mira a uno: fijo, con esa mirada penetrante que traslada a través del Espíritu Santo. ¿Lo hemos sentido? Y cambió el panorama: “más en tu palabra echaré la red”, y, ¿saben?, la red se llenó. Las cosas cambiaron, porque cuando se actúa en nombre de Su Palabra, las cosas cambian y, pues hay resultados: la paz es la primera que hace su debut.

¿Cambias de estrategia? En Su Palabra. Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, ¡impactado!