¿QUÉ LES CUENTAS?

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21 de Febrero de 2012.

“Por tanto, guárdate y guarda tu alma con diligencia, *para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto*, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; *antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos*.” Deuteronomio 4:9 (El subrayado es mío).

Carmen Rosa y yo hemos llegado a una conclusión sobre algo que hace tiempo nos hemos propuesto hacer. La conclusión es entender el bien que hace a nuestros hijos y nietos, el que les contemos, cada vez que podemos, las maravillas de Dios que hemos visto en nuestra historia familiar. Estas se resumen en una frase por demás reveladora: Dios siempre, ha tenido misericordia de nuestra familia. ¿Apreciamos la profundidad de esta frase? Y es que la orden de Moisés al pueblo en este *recordatorio *es guardar nuestra alma con diligencia, y si esto no lo hacen nuestros hijos y nietos, el fracaso espiritual está a la vuelta de la esquina. ¿Qué hace que nos olvidemos de las veces en que Dios nos ha salvado del fracaso espiritual a pesar de todos nuestros errores? Pues, en forma directa y con respuesta enfática: ¡no lo recordamos! Y ¿qué efecto tiene el no recordarnos? Esta respuesta es de contenido más que profundo.

Dios es el Fabricante, sabe por lo consiguiente todo lo concerniente al funcionamiento de Su obra. Esto es por demás cierto y más claro que el agua. ¿Quién mejor que el que fabrica algo para saber como funciona? Y Dios diseñó al hombre de tal forma que necesite oír para creer. Dice la Biblia que la fe viene por el oír, el oír la Palabra de Dios. De manera que si queremos que algo no se nos olvide, debemos oírlo muchas veces, y es por eso que se aconseja leer la Biblia en voz alta. Así, entra por los oídos y tiene el efecto que Dios diseñó. Vamos a decirlo de otra forma, para que quede más determinante: el Fabricante diseñó al humano de tal forma que necesita oír las cosas para que se queden grabadas en su mente, y de esta forma origine en forma efectiva los efectos del diseño. Entonces si la fe viene por el oír la Palabra, pues, ¿por qué no lo hacemos así?

Quinn Miguel uno de los nietos de mi hermana Bessy, dice, *lean las instrucciones*, para todo lo que compramos nuevo. Sabio, ¿no? ¿Por qué arruinar las cosas si se puede saber como manejarlo en forma conveniente? Entonces, concluimos, necesitamos oír y por eso, los padres debemos contar a nuestros hijos y nietos las maravillas de Dios que nuestros ojos han visto, en nuestra historia familiar. El efecto es que aprendemos a mantenernos al amparo del Altísimo, porque si allí hay maravillas y soluciones, ¿quién nos tiene fuera de Él? ¿Será que ese es el secreto del por qué muchos de los hijos de los cristianos fracasan espiritualmente? ¡Allí la dejo brincando!

Pero sigamos argumentando. ¿Por qué no contamos a nuestros hijos las maravillas de Dios en nuestras vidas? Vamos, no nos referimos a la epopeya del Mar Rojo, porque no estábamos allí, ni a otra que si bien debemos conocer en la Biblia, hasta ajena nos puede parecer. Nos referimos a las maravillas en nuestra vida. Como el milagro del nacimiento biológico, el milagro del nuevo nacimiento, los milagros en nuestras vidas, de cómo Dios nos ha librado. ¿Por pereza?, ¿por estar muy ocupados en los negocios de la vida?, ¿porque contamos cosas que no tienen importancia ni tiene que ver con nuestra relación con Dios? ¿No?, ¡ah!, ¿es por qué no logramos identificar una maravilla?, ¿ni una? ¡Esto es de preocuparse!

¿Saben?, nuestros hijos y nuestros nietos necesitan enterarse y recordar siempre, las maravillas de Dios en nuestra historia familiar. Por favor, necesitamos influir en la sociedad. Y positivamente.

¿Recuerdas alguna maravilla?, ¡pues a contarla! Hoy.

Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, Carmen Rosa y yo, lo hacemos. Tenemos muchas.

ROBADOR DE POBRES

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20 de Febrero de 2012.

“El hombre pobre y robador de los pobres, es como lluvia torrencial que deja sin pan.” Proverbios 28:3

En Guatemala, desde hace varios años, se han desatado los asaltadores, y en esto podemos relatar, cada historia, que hasta algo de comicidad se encuentra. Por ejemplo. Al vendedor que enseñaba una casa lo asaltaron los compradores que en dos oportunidades pidieron que se las enseñara. El carro, el celular, el reloj, y otras pertenencias del vendedor, *se fueron a vivir su vida*. A un guardián de una casa, le asaltaron en el bus y le robaron el sueldo recién cobrado, y cuando lo contó, dijo: *me robó uno tan pobre como yo.* A otro, que puso un anuncio para vender un carro, lo llamaron, lo citaron en una céntrica mueblería y de ahí salió sin carro y sin cartera. Bueno la cartera no tenía nada y el carro lo vendía para salir de una necesidad urgente de dinero. A todos los conocemos, o lo que es lo mismo, no son historias inventadas. Pero, en estos asaltos y robos, también podemos hablar de niveles. ¿Cómo así?

Bueno, es que no es lo mismo que le robe el carro a alguien que tiene seguro y que además no le cuesta mucho esfuerzo comprar otro, que al que no puede comprar seguro y que, *estira *el combustible para trabajar. Uno, pues cambió de carro, y el otro, trabajará a píe desde ese momento. Pero, hagamos más distancia, construyamos *barrancos* con la realidad social de nuestros pueblos. El que tiene mucho, difícilmente se le asalta porque tiene gente que lo cuida, y además, es todavía más difícil robarle todo lo que tiene. Pero al guardián de la casa, le robaron todo su sustento. Ahora, no es que robar al que tiene está bien, no es eso lo que queremos decir. Pensemos, sí podemos identificar a los que son robadores de pobres, o sea a los que se dedican a despojar de sus pertenencias, a los pobres. Y no hablamos de los de *cuello blanco*, que roban parejo y que, el impacto a los pobres no es medible tan fácilmente. Hoy, por favor, nos referimos a los que roban a los que apenas tienen, y en forma directa. ¿Apreciamos la escena? Dice el proverbista, que son “como lluvia torrencial que deja sin pan”. Yo puedo contar tanta historia de gente que se quedó sin pan, porque le robaron lo único que tenía, y, apuntemos, por un *robador de pobres*. ¿Lo habías visto?

Pero hoy queremos incursionar en otro aspecto, en otra área, pero con el mismo concepto y la misma acción. *El robador de pobres espirituales*. ¿Es que se pueden robar las cosas espirituales? Y, ojo, robar al que es pobre en esa área. Es como aquella persona que vive en un constante temblor, agobiada por sus penurias, acongojada porque no encuentra reposo para su alma, en fin, mal, mal, mal. Y viene alguien con malas noticias, y peores remedios. *¡Vaya dónde el brujo de la tumba tumba, él si le dará descanso!* ¿Extremos?, sí pero es que los hay de todo tipo. Y, ¿saben?, sobre este tipo de personas habló Jesús. Veamos.

“Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.” Pequeñitos, aquellos que menciona en el sermón profético, (capítulo 25), y que si bien podemos identificarlos como pobres en espíritu, ellos, ¿o nosotros?, serán saciados por el hambre espiritual que tienen. ¡Ah!, los que ponen tropiezos, son robadores de los pobres. (Hay que estudiar el capítulo 23 de este mismo evangelio).

Robador de los pobres, tienen un efecto tal, como la lluvia torrencial que deja sin pan, porque, ¡como golpea el despojo! Y golpea más, al que casi no tiene.

¡Que realidad, ¿no?! Y tú, ¿qué haces al respecto? Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus.

LA ROCA

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19 de Febrero de 2012.

“¿Cómo podría perseguir uno a mil, y dos hacer huir a diez mil? Si su Roca no los hubiese vendido, y Jehová no los hubiera entregado.” Deuteronomio 32:30

Termina una etapa del pueblo de Israel y se aprestan a conquistar la tierra prometida. La Ley que Jehová les dictó, se guardó junto al Arca, y Moisés escribe un cántico que muestra como principal argumento, la diferencia entre la roca a la que se aferran todos los pueblos de la tierra, y la Roca, en la que cimenta su fortaleza Israel. El verso 31 de este cántico lo dice: “Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca, y aún nuestros enemigos son de ello jueces.” Notemos que hay una comparación entre la roca y la Roca, y es interesante cómo, la diferencia, es evidenciada y reconocida por los demás que confían, pues en su roca, la cual, toma diferentes formas y se origina en diferentes bases, todas, fuera de Dios. ¿Apreciamos el punto?

Entonces, el tema de hoy es así de simple, y así de complejo, y claro que así de *confrontador*, tanto que se resume en la respuesta a la pregunta, *Y tú, ¿en qué basas tu confianza?* En la Roca, o en otra roca, cualquiera que sea. Y es cuestión de darle una interpretación a lo que ha pasado en tu vida, sobre la base del versículo 30. Meditemos. Alguna vez, en tu vida, ¿uno ha perseguido a mil y dos han hecho huir a diez mil? O dicho de otra forma, ¿puedes explicar cómo hasta ahora has salido de tanta y tanta prueba? Bueno, si es que la vida de alguien nunca ha enfrentado problemas, nunca ha sido librado de tal forma que no se pueda explicar cómo, es decir, nunca ha habido en su vida maravillas de Dios: le dispensamos seguir leyendo. ¿Por qué?, pues porque no ha tenido la experiencia de establecer la diferencia entre una roca y la Roca. Y es que yo sí, no se ustedes, he visto en mi vida la misericordia de Dios, de tal forma que sí, puedo identificarme con este versículo. Y, me gusta reconocerlo, y mucho. Entonces, ¿sigues leyendo conmigo?

Claro que sería interesante que todos paremos y contemos alguna experiencia, que se, que los que seguimos leyendo tenemos. Una común, ¿listos? El milagro de la vida que parece algo tan normal, pero, ¿acaso Dios no nos acompañó desde el vientre de nuestra madre? ¡Ah!, y fue con un propósito, que a veces no logramos entender, pero si, siguieron leyendo, caminaremos a entenderlo.

El pueblo de Israel sí podía contar muchas de esas experiencias en donde *uno persiguió a mil y dos hicieron huir a diez mil*, y fue porque Dios fue su Roca. Pasando los años, todo lo que pasó el pueblo de Israel sirvió para el escenario de la epopeya más grande que ser alguno haya enfrentado anotándose una victoria. El Hijo de Dios, Jesucristo fue a la muerte y venció resucitando al tercer día, para sentarse a la diestra del Padre desde donde hoy, sus enemigos son puestos por estrado de sus píes. Y todo, porque supo en que Roca confiar, en que Roca hacer descansar sus resultados. Y Él, fue el primogénito de estas victorias, y abrió el Camino para que todos los que confían en la Roca, se anoten victoria tras victoria.

Fijemos nuestra mente y nuestra vista en esta frase, que hoy por lo menos a mí, no se a ustedes me impactó. Repitámosla levantando la voz: UNO PERSIGUIÓ A MIL Y DOS HICIERON HUIR A DIEZ MIL. ¿Verdad que tiene sentido esta forma metafórica de contar cómo ha sido nuestra vida? Claro, alguno tiene razón, y todos lo apoyamos: todavía nos falta anotarnos más victorias, y esto a pesar que, aún las circunstancias parecen decir otra cosa. Pero, responde, con mucha sinceridad:

¿Es Cristo tu roca? , ¿Sí? Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, entonces, ¡ya los hiciste huir!

ASIDERO

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18 de Febrero de 2012.

“Jehová, tú eres mi Dios, te exaltaré, alabaré tu nombre, porque has hecho maravillas; *tus consejos antiguos son verdad y firmeza*.” Isaías 25:1 (El subrayado es solo mío).

Estamos en los inicios de un siglo que desde el principio anunció que transitar por él no será fácil. Dos características del mundo del siglo XXI resaltamos. La primera es el clima de violencia que impera en donde aún los gobernantes la emplean para tratar de mantener el poder. Pero la expresión más espeluznante de este flagelo, se ve en la falta de respeto que los delincuentes tienen por la vida: salir de casa y sufrir un atentado, es tan común, que ya todos los habitantes del planeta lo incluyen dentro *del riesgo calculado de vivir*. La segunda característica es el cambio en la forma de comunicarse y relacionarse entre los humanos. Un día de estos mi hija mayor me llamó la atención a una escena familiar: en una mesa de un restaurante en un centro comercial, la madre se entretenía en hacer pasear sus pensamientos en el aíre, mientras los dos hijos adolescentes, (hombre y mujer), se comunicaban por medio de su black berry. Los dedos hábilmente saltaban en las teclas para, que en un lenguaje mutilado, comunicaran seguramente secretos, ubicaciones, actividades e intimidades, que luego son utilizadas por los *dueños de la violencia* para planificar sus fechorías.

Claro que hay mucho que decir sobre estas dos características, pero lo que queremos resaltar es el mundo diferente en que vivimos, y que requiere de una estrategia más que cuidadosa. Por eso traemos a nuestro escenario esta declaración del profeta Isaías, que concluye con la fuente que representa Dios para diseñar la estrategia que se necesita. Esta declaración nos ubica en cuatro aristas. Primero la declaración de que Dios es nuestro Dios, lo cual es por demás importante. ¿Podemos hacerla convencidos que así es y que actuamos en concordancia? Si Dios es nuestro Dios, ¿acaso muchas de nuestras reacciones no deberían de cambiar? Pensemos, si Dios es nuestro Dios, ¿Cuál debería ser nuestra principal actitud? Y el profeta nos lo dice en la segunda arista que resaltamos: “te exaltaré, y alabaré tu nombre”. Recordemos que Dios habita en medio de la alabanza y que cuando alabamos, las maravillas que Él hace no se dejan esperar.

¡Ah!, entonces la tercera arista es que Dios hace maravillas. Meditemos. Si en nuestra vida no podemos identificar las maravillas de Dios, ¿será porque no lo exaltamos y alabamos? Y, por favor atendamos, no solo con la boca, sino con nuestra vida. ¡Esta es una dimensión digna de considerar! Y la razón parece de lógica consecuencia, porque solo podremos alabarle con nuestra vida, si nuestra actuación la basamos en la verdad con la que termina esta declaración. Leamos, “tus consejos antiguos son verdad y firmeza”.

Estos consejos están contenidos en la Biblia, que no pierde vigencia, que es el asidero por excelencia para saber como desenvolvernos en el mundo que en forma incompleta y podemos decir, tímida, definimos en la introducción. Vamos, que es más difícil de lo que podemos apreciar. Enlacemos lo que hemos dicho: Dios es nuestro Dios, por eso lo alabamos con nuestra vida, entonces sus maravillas serán la constante en nuestro escenario, y para que esto se logre, actuamos de acuerdo a esos consejos antiguos, que no pierden vigencia y que se aplican a todo lo que vivimos. Y apreciemos bien las características de estos consejos: son verdad y firmeza.

¿Saben?, *Hoy* debemos tomar la decisión de regresar de lleno a atender, *esos consejos antiguos*, que no por ser antiguos, dejan de ser nuevos: ¿no estaremos desperdiciando la oportunidad de ser exitosos y felices en un mundo como el que vivimos?

¿Qué piensas de esto? ¡Vale la pena meditarlo!

Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, no sea que fracasemos en nuestra estrategia.

EL DESPERTAR

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17 de Febrero de 2012.

“En esto me desperté, y vi, y mi sueño me fue agradable.” Jeremías 31:26

Gracias a Dios por la noche, porque es como una pausa a lo que estamos viviendo, y, si las circunstancias son adversas, solo se esconden por unas horas. Claro, pero si estas son de las que acompañan sin interrupción, se añora que la noche termine. Pero en la noche ocurren los sueños, y estos acostumbran pintarse de *bonitos y agradables* y de* feos y más que desagradables.* Y entonces, o se añora el despertar o si pudiéramos, haríamos que nunca llegue. Y es que hay sueños bonitos, ¿no? Son como ese oasis en dónde todo se vuelve de colores insospechados. Pero no solo los que ocurren en la noche cuando la pausa permite que durmamos, no, porque, ¿acaso no soñamos despiertos? Y resulta que por un momento nuestra mente visualiza que aquella tendencia que nos hace desagradar a Dios, no está. Que las montañas que se imponen frente a nosotros, desparecen. Que aquel o aquella que no nos quiere, nos funde en un abrazo. Que ganamos el campeonato, que recibimos el ascenso esperado, que pagamos todo y compramos *más que todo*, porque, mis queridos lectores, soñar despierto o dormido, es más que agradable, si es que el sueño es agradable, si no, ¡que el despertar sea pronto, muy pronto!

Jeremías tiene un sueño, no dice si fue de noche o de día, si estaba despierto o dormido, lo cierto es que despertó, como quien despierta de veras o despierta estando despierto, lo cierto es que fue un sueño agradable. Como los que describimos en la introducción: todo bonito, todo deseable, todo, pero todo, lo que soñó pintó el escenario de colores matutinos, de sol radiante, de pasado terminado y presente digno de vivirse. Bueno, ¿pero que soñó? Pues soñó un sueño de liberación, de regreso de una cautividad ocasionada por el castigo a la desobediencia. Pensemos en la profundidad de un final de un proceso de disciplina que se dio porque no hicimos las cosas bien. ¿Verdad que es agradable? Pero hoy, dentro de todo lo bueno que pasa cuando las cosas mejoran, y se vuelven de otro color, meditaremos sobre dos anhelos, sobre dos facetas del sueño que es posible hacerlas realidad. Vamos al versículo final del sueño, a una promesa que Dios hace y que tiene vigencia para nosotros.

Dice, y por favor pongamos atención, por favor empecemos a vivir el sueño, por favor vayamos a dónde se puede hacer realidad. “*Porque satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma entristecida*.” (Todo lo subrayé yo, para resaltar su importancia). ¿Nos hemos sentido cansados y entristecidos? Vamos, grafiquemos. Cansados de no poder vencer esa molesta tendencia que nos lleva a pecar y a desagradar a Dios. Cansados de tanto dolor físico o del alma. Cansados de no poder tener una buena estrategia para llevarnos bien con todos, o por lo menos, con esa persona. Cansados, pues, de muchas cosas, hay tantas, ¿no?, que enumerarlas sería interminable, pero que cada quien se las sabe de memoria. Y esto, nos entristece, al extremo, que al despertar de las pausas, nuestros párpados desarrollan una lucha titánica para abrirse. ¿Dramático?, es decisión de cada uno, suavizarlo o ponerlo más áspero. Pero, fue parte del sueño que Dios le dio al profeta, y seamos sinceros, ¿acaso no es agradable descansar y sentirnos saciados de la tristeza? Claro, es un sueño muy agradable. ¿Podemos vivir una realidad tan agradable como este sueño?

Jesucristo enseñaba, y suavemente dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo 11:28). Y esto lo dice como corolario a “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre…” (27). Porque con Cristo, el sueño de Jeremías se cumplió para siempre.

Solo tienes que venir a Él. *No es un sueño*. Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus.

TU PERFIL

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15 de Febrero de 2012.

“Y no entres en juicio con tu siervo; porque no se justificará delante de ti ningún ser humano.” Salmos 143:2

Ahora es fácil conocer el perfil de una persona, porque, por fin el Internet permite que aquellos que no son personas públicas, alcancen su *momento de fama* por medio de las redes sociales de este bendito medio. Cuando a finales del año 2010, se designó por la revista Time, personaje del año al creador de Facebook, basaron la decisión en que este personaje, cambió la forma de comunicarse en las sociedades del todo el mundo. Y es cierto, desde el teléfono black berry, en cualquier lugar y momento, una persona puede enterarse quienes asistieron a tal y cual evento, aunque este solo sea la celebración de cumpleaños de alguien que antes, lo más que podía hacer, era pagar en un periódico para publicar en la sección de sociales, algunas fotos de los asistentes. Claro, con circulación local, limitada en número, y con información también limitada. Ahora, el que así lo quiere, pues extiende *su fama* allende sus propias fronteras de espacio y tiempo. Y, ¿el que no quiere?, pues si hizo algo que fue noticia, puede acceder a sitios en dónde, aunque no quiera, se dice y se informa de muchos hechos, que, exaltan, avergüenzan, y por qué no decirlo, ¡no se hubiera querido publicar!, y menos, a esos niveles. ¿Conocemos historias de este tipo?

Fijando los ojos y la atención en este versículo, somos llevados a enfrentar una pregunta de profundas reflexiones. ¿Qué pasaría si toda nuestra vida pasara en un video frente a nosotros?, toda, sin omitir detalle. Y es que parece que los conceptos de este *Manual del Fabricante*, la Biblia, son entendidos mejor, conforme avanza la ciencia y el modernismo de una sociedad, que a veces se nos antoja, que se nos fue de las manos. ¿Quién, humano viviendo en la tierra, con todos los recursos a su alcance, puede, efectivamente controlarla? Un tema para meditar, pero no hoy, porque queremos centrarnos en la respuesta a la pregunta que acabamos de plantear.

El salmista le pide a Dios que no entre en juicio con él. Todos los hechos de una persona, delante de Dios, el único que puede juzgar. Si bien es cierto en Facebook se publica lo que se quiere, muchas veces otros, publican lo que no se quiere del que cree decidir lo que quiere que se conozca. Tratemos de inferir lo que queremos decir de este juego de palabras. Pensemos. Cada uno trata de limitar el acceso a la información que publica: solo los amigos. Y claro que publica lo que quiere que se conozca. Algunos informan ¡hasta las horas que duermen y las veces que se despiertan en la noche!, otros más recatados, solo a dónde van. Y, por favor meditemos en esto: creemos tener el control. Pero, por ahí, alguien se entera de algo que no quisiéramos que se supiera, y lo publica; ¿acaso no es molesto? *Si lo encuentro, ¡lo mato!*, ó, ¿solo le reclamo?, lo que sea, pero que no nos gusta, ¡no nos gusta! ¿Cierto?

Ahora regresemos a nuestro planteamiento: toda nuestra vida, toda, con detalles y todo, en una película y delante del Creador de todo lo que existe. El salmista dice, no, por favor no: “Porque no se justificará delante de ti ningún ser humano.”¡Vaya realidad!, ¡vaya perspectiva! Cualquiera, saldría condenado, y sin posibilidad de poner excusas y argumentos de descarga.

Si así fuera, si el juicio se llevara a cabo hoy, ¿cómo saldríamos del problema? ¡Ah!, se levantaría Jesucristo y le diría a Dios: *Yo pagué por él (ella), ¡todo está saldado!* Me gusta, nos gusta, estoy seguro que sí. Pero, esto solo a los redimidos por la sangre del Cordero.

Tú sí tendrías este resultado. Pero, ¿conoces a alguien que no? Urge, que le envíes esta meditación.

Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, ¡que miedo si no fuera así, ¿no?!

¿QUÉ DICES?

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14 de Febrero de 2012.

“Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.” San Mateo 12:37

Pasé unos minutos viendo este versículo antes de dejar que mis dedos obedecieran a mi mente. ¿Preocupado?, ¿impactado?, ¿tratando de entender la profundidad de estas palabras? Lo cierto es que sí es de ponerle atención, primero, porque quien lo dijo es nada más y nada menos que el Hijo de Dios, Rey del universo y por quien fueron hechas todas las cosas. Entonces no es broma, porque, debemos saber como verdad incontrovertible que él, Jesús, nunca habló por hablar, y si él lo dijo, es porque es así. Segundo, porque se refiere a algo que yo conozco, que no es ajeno a mí: yo se lo que hablo, y no puedo acusar ignorancia, y entonces, sí es de preocuparme. Claro, tienen razón, ustedes también. Entonces, no podemos ver hacia los lados tratando de identificar de quien habla el Señor, y buscando al culpable. ¿Podemos levantar la voz?, solo un poquito, para que nos oigan los que están cerca de nosotros, ¿o nosotros mismos? SOMOS JUSTIFICADOS Y CONDENADOS POR LO QUE DECIMOS. ¡Vaya!, entonces, ¿qué dices?

Exploremos las bases de lo que dijo Jesús, o sea lo que dijo antes de decir esto que nos preocupó. Leamos, “El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.” Lo que decimos es lo que tenemos adentro. Y notemos que dice del ‘buen tesoro’ y del ‘mal tesoro’. ¿Y no qué tesoro, pues? Es que tesoro es lo que se atesora, o sea lo que se guarda, y esta es una decisión personal: guardamos lo que consideramos bueno y digno de guardar, y después de guardarlo, pues lo sacamos. No podemos sacar lo que no tenemos guardado. De manera que cuando hablamos, mostramos, lo que tenemos adentro. Preocupante, ¿no? Entonces, ¿qué dices?, o mejor dicho, ¿qué guardas?, o, mejor aún, ¿qué tienes?

Pero dice también, “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.” Cuando dice ‘hombres’, se refiere a mujeres también, no solo hombres, ¡no te escondas mujer, en el tema del género! *Innecesario, insustancial*, eso dice el diccionario Larousse, de verás, no me lo inventé. Palabras innecesarias, dichas sin necesidad, no teníamos que haberlas dicho. ¡Cuantos problemas nos hubiéramos evitado, ¿no es cierto?! Pero además sin sustancia, sin contenido, ¡hablar por hablar!

Ahora unamos las dos bases. ¿Qué dices?, ¿palabras innecesarias e insustanciales?, bueno, pues es que eso tienes en el corazón. Perdón, ¡tenemos! Es que somos todos, mujeres y hombres, no importa la edad. Claro, es cierto, por eso los niños dicen lo que oyen, y al oír hablar a un niño, sabemos que tipo de gente convive con ellos. Los niños, ¿recuerdan?, dicen la verdad, y esta es lo que oyen. Sí, estamos de acuerdo, sin mala intención, porque la intención, se va corrompiendo con la edad. Guardamos malas cosas, y creamos adentro, malas intenciones. Ese es nuestro tesoro. ¿Cómo?, que lo diga en forma de pregunta. Razonable, más que razonable. ¿Ese es nuestro tesoro? Respuesta personal, e intransferible, y depende de lo que contestemos, sabemos lo que diremos en el día del juicio. Porque este, sí, pero sí, es individual, y no podremos, *recostarnos en nadie.*

¿Se dan cuenta, por qué tardé en empezar a escribir? ¡Se quedaron preocupados! ¡Ah!, yo también. Por eso hay que cambiar nuestro tesoro, y para eso, tenemos la ayuda del Espíritu Santo.

Hay mucho que trabajar, ¡en serio! Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, y, desde Hoy.

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TODOS LOS DÍAS

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12 de Febrero de 2012.

“Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.” Hebreos 4:11

Siempre he considerado una labor diaria entrar en el reposo de Dios, y la definición que el autor de Hebreos da a esta acción la define claramente en el verso anterior al que hoy invocamos. Dice: “Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.” ¿Cómo entró Dios a reposar de sus obras? Dice en Génesis en el capítulo 1, que cuando Dios terminó la creación, vio que todo lo que había hecho era bueno en gran manera. Esto no solo muestra satisfacción personal por lo hecho, sino que divulga una realidad: estaba de acuerdo a sus principios, porque Dios no hace nada que no esté de acuerdo a lo que Él mismo establece. Es el primero pues, que cumple con lo que ha dictado como postulados básicos, o sea, sus principios. Hagamos una aclaración histórica.

Cuando el hombre desobedeció y pecó contra Dios, Él mismo estableció la forma como el humano se pone de acuerdo con Él, y esto lo dictó así: era necesario que muriera el justo por los injustos, y entonces, envía a su Hijo a que pague muriendo, y muerte de cruz; y, todo aquel que en Él crea, no se pierda sino que tenga vida eterna. De manera que ante la desviación de lo creado, hecha por el humano, establece el Camino para solucionarlo. En esta forma, Dios reposó de sus obras: todo estuvo bien de acuerdo a su justicia, y sigue estando así para el que crea. Un ejemplo de cómo Dios respeta lo que dice, es el respeto al libre albedrío que dio al humano, porque nunca dice que todos deben creer, dice, *el que crea*, dejando como una decisión personal, el entrar o no en el reposo de Dios, aceptando a Cristo como salvador, y, todos los días entrando en su reposo, o lo que es lo mismo, reposar de sus obras. Y, el autor de Hebreros tiene cuidado de dejar clara también, la forma como se hace. Copiemos el verso siguiente, el 12.

“Porque la palabra de Dios es viva, y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” ¿Vemos lo completo del método? Todos los días, confrontamos nuestras obras con la palabra de Dios, que está contenida en la Biblia. Todos los días, antes de actuar, después de actuar y durante la acción.

Pero, ¿saben como? Bueno, la Biblia contiene todo lo que necesitamos saber de cómo actuar, nos fue dado el Espíritu Santo para interpretarla, y, siempre nos confronta con ella. Claro, si queremos, porque Dios no nos obliga, es una decisión que insistimos, es diaria. Bien, pero lo impactante es que constantemente nuestra confrontación es negativa, y este es el mello del asunto: porque aún sabiendo hacer lo bueno, no lo hacemos, y, como dice Pablo, queriendo hacerlo, nuestra naturaleza nos hace fallar. Si leemos despacio el verso 12, nos damos cuenta que nada escapa de la Palabra, porque es viva y eficaz: *nada se le escapa*. ¿Será por eso que algunos evitan leerla y estudiarla?

Y, en la Palabra, en ella misma, establece la solución para cuando fallamos. Primero, si nuestras obras están de acuerdo a los principios de Dios, ¡que reposo!, pero si no, “abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” (1 Juan 1:2). Y esto es entrar en el reposo, reposar de las obras, todos los días, poner nuestras obras a examen, y mediante el perdón, descansar. *Esto es reposo*.

Todos los días. Y tú, ¿lo haces? Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, insisto, *acción diaria*.

¿QUÉ PASÓ?

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11 de Febrero de 2012.

“…así que había gran gozo en aquella ciudad.” Hechos de los Apóstoles 8:8

*Cristianos en acción, Llegaron los que hacen milagros, Los que hacen lo mismo que hacía Jesús*, podemos hacer un concurso para intitular la meditación de hoy. Pero, la quisimos llamar así, de esta forma, porque, cuando gente común hace las cosas diferentes, la sociedad se impacta y muestra que algo pasa. Si levantamos la vista al versículo anterior leemos la causa: “Porque de muchos de ellos que tenían espíritus inmundos, salían estos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados;”. Esto nos lleva a dos dimensiones que hoy nos harán meditar muy profundamente. ¿Empezamos? Pero por favor, ponle cuidado a estas consideraciones.

La primera dimensión o escenario lo protagonizan los liberados, los paralíticos y los cojos. Sí, los que fueron liberados, los que antes no podían caminar y estaban postrados en una cama, y los que caminaban con dificultad. Solo pensemos en estos tres azotes. Tratemos de dramatizar. Los poseídos de demonios, tenían su voluntad esclavizada, estaban atrapados bajo el dominio de un agente de Satanás que lo único que pretendía era destruir al poseído. Y este, pues no se podía liberar. ¿Paramos un momento?

Pensemos que a nosotros no nos es permitido tomar decisiones: ni siquiera para decidir levantarnos a tal y cual hora. Ni que comer, ni con quien hablar, ni como hacerlo. *No se, de repente hago lo que no quiero, y siempre es igual, ¡no puedo controlarme!* ¿Han oído alguna vez esto?, o, ¿lo hemos dicho alguno de nosotros? ¡Totalmente esclavos de algo! Bueno, cuando hay posesión, el tema es de esclavitud total. Ahora, pasa algo y la persona es liberada, recupera su voluntad y su capacidad de decisión. ¡Ah!, los que han estado con alguna limitación para decidir, saben de qué estamos hablando. Una relación de pareja con carácter de régimen de esclavitud, cárcel, una amistad inadecuada, un trabajo así, como que uno fuera esclavo. Y de repente, ¡libres! ¿Verdad que la persona liberada se llena de gozo? Y, ¿totalmente poseídos?

Pero pensemos en los paralíticos. ¡Tirados en la cama!, sin poderse mover. A expensas de que alguien los lleve, les de de comer, les bañe, en fin, ¿apreciamos la situación? Y vienen *unos hermanitos* que sí le creen a Dios y que hacen lo que Jesucristo hizo, y lo sanan. Otra vez levantando la voz, LO SANAN. Vamos, ¿nos llenaríamos de gozo? Yo no se ustedes, pero yo, ¡hasta saltaría! Y, si el problema, ¿es que soy cojo? Camino mal, me ponen sobrenombres ridículos, uso muletas, tengo los píes torcidos, ¡que se yo que más! Y, ¿saben?, no me canso de repetirlo, y ahora con mucho honor: *unos señores hermanitos* que le creyeron a Dios, me sanan.

Poseídos liberados, paralíticos sanados, cojos que andan, y estamos seguros que Lucas no por olvido, sino para permitirnos redactar esta meditación así, no mencionó los ciegos, las enfermas de flujo de sangre, las relaciones *reparadas*, las tantas cosas que pasaron en esos días en que, unos *señores distinguidos hermanitos*, decidieron creerle a Dios. Digo esto de Lucas porque, ¡vaya si no soy pretensioso! Es que, las tres cosas: liberados, paralíticos y cojos, tienen tanta aplicación para nosotros, que pienso que este escritor dijo, *para que mediten en su realidad*. Pero la otra dimensión es lo que pasó en la sociedad, *hubo gozo*, no burlas, ni críticas, ni juzgamientos.

¿Eres un señor distinguido hermanito, o, señora distinguida hermanita? O, ¿te gozas?

Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, o ¿criticón, descalificador, y juzgador? O, ¿te burlas?

CONTROVERSIA SOCIAL

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10 de Febrero de 2012.

“Justo eres tú Jehová, para que yo dispute contigo; sin embargo, alegaré mi causa ante ti. ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?” Jeremías 12:1

Posiblemente hoy amanecimos tratando de entender esta controversia social que es más que evidente. Y, si además como el caso del profeta Jeremías estamos pasando por problemas de relación con los demás, el tema cobra vigencia a otro nivel. Pero, compliquemos el escenario. No solo recibimos amenazas, sino que es por actuar de acuerdo a lo que Dios nos manda. Y, pongamos *la tapa al pomo,* a los que nos amenazan, les hemos advertido que si no rectifican su manera de actuar, recibirán malos resultados. Entonces resumamos. Hemos actuado bien, hemos advertido sobre el mal accionar de los demás, lo hemos hecho obedeciendo el mandato de Dios, y, resulta que a nosotros nos amenazan, mientras ellos prosperan. Es, o no, una controversia, y social, porque estamos, aunque no queramos, en un escenario en donde nos movemos con otros seres igual a nosotros.

Y la pregunta debuta. Pero antes, como el profeta que hoy nos ocupa, reconocemos la calidad de Dios. “Justo eres tú Jehová”, ¿Quién de nosotros no lo reconoce? Sí, Dios es justo, y estamos seguros que lo hemos experimentado en nuestra vida. Sembramos bien, cosechamos bien. Sembramos mal, cosechamos mal. Obedecemos a Dios y recibimos bendiciones además de los buenos resultados lógicos. Desobedecemos, y resulta que además de los frutos lógicos, no solo no recibimos la añadidura de Dios, sino que se nos adiciona cosas no gratas. Es más, ¿Cómo podemos dejar de reconocer lo justo de Dios hacia nosotros? Claro, hizo pagar a su Hijo santo, por lo que nosotros hicimos, y a pesar de lo que hacemos, nos regaló la vida eterna. ¿Injusto?, parece que con su Hijo sí, ¡pero con nosotros! Insistimos, ¿hay alguien de los que hoy lee que no declare convencido(a), que Dios ha sido justo con él o con ella?

Entonces, sigue el profeta en sus antecedentes, diciendo: “para que yo dispute contigo”. Es decir, ¿Cómo podemos darnos el lujo de disputar con un Dios que ha sido justo con nosotros? Parece un contra sentido. ¡Ah!, pero lo hacemos. Sí, hay momentos y hay días en que en nuestro interior, surge esa *mala actitud *de increpar a Dios sobre lo que hemos cosechado y las bendiciones que hemos tenido. ¿Las cosas malas?, pero ¡si son culpa nuestra! ¿Quién nos tenía haciendo lo que hicimos? Vamos, el profeta está de acuerdo con esto, y estamos seguros que todos nosotros también. ¿Cierto? Disputar con Dios, ¡ni se nos ocurra! Gracias a que Jesucristo es misericordioso e intercede por nosotros, porque, ¡si no!

Bien, pero estamos listos, ya hicimos un preámbulo, ya presentamos los antecedentes, ya reconocimos que Dios es justo, y que no debemos disputar con Él. Entonces, podemos, como hizo el profeta presentar *nuestra causa*ante Dios. No se, si debemos primero regresar a lo que dijimos antes, a esos antecedentes. Sí, estamos todos de acuerdo, ¿por qué prosperan los impíos y los desleales? Dos, extremos que siempre nos inquietan: impíos y desleales. Pero antes, ¿podemos afirmar que no hemos caído en esos dos extremos? Bueno, impíos, sí, pero ya pagó Jesucristo por nosotros, o sea que ya somos justificados. Desleales, ¿con Dios?, ¿con los demás?, ¿limpios totalmente? Creo que necesitamos pedirle perdón a Dios, por medio de Jesucristo.

*¿Controversia social?*, mejor, alabamos a Dios. Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, ¿no?* *