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21 de Febrero de 2013.

“Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres;” Hechos de los Apóstoles 22:4

Solo la simple expectativa de perseguir a Cristo suena hasta ridículo para los que hemos abrazado la creencia en el evangelio de Salvación. ¿Perseguir a Cristo?, ¿cómo se le ocurre? Pero el mismo Saulo podría haber considerado ridícula la sindicación cuando el Señor mismo le dijo. “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Y esto es porque muchas veces la defensa de lo que creemos sin razonar, nos lleva a posiciones ¿inconscientes?, podemos decir que sí. Saulo actuaba en defensa de su religión judía y creía, y no inconscientemente, que Cristo y su evangelio eran una amenaza. Y fue tan vehemente su actuación que él mismo, ya convertido, califica esta de “hasta la muerte”, es decir, *hasta las últimas consecuencias*. Y muerte, porque procuraba que los seguidores de esta amenaza fueran muertos, como pasó con Esteban, el diácono mártir. Y muerte, porque quien persigue a Cristo, se expone a la muerte eterna. ¿Delicado?, ¡vaya si no!

Vale la pena traer a nuestra meditación de hoy el concepto que usa Pablo para llamar al evangelio de Jesucristo: “este Camino”. En el versículo anterior, (3), define su vehemencia, “celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros.” Saulo, como tal, creía que para llegar al cielo se podía mediante el cumplimiento de la Ley, y el defender celosamente a Dios, y claro que es la posición del que defiende a *capa y espada* su religión, y el conjunto de ritos que la integran. La religión que practica, y aquí, pues incluimos todas las que existen. Y dentro de estas incluimos las que tienen como centro a Dios. Pero el tema es defender una práctica, una creencia integrada por ritos. Pablo cuenta que con esa actitud perseguía “este Camino”. Fijémonos en el adverbio “este”, porque Pablo en esta forma declara que es el Camino en dónde él camina. Conviene aclarar.

Es diferente hablar de muchos caminos que ni se conocen a hablar de un camino en el cuál no solo se conoce, sino que es el que se usa para caminar. Recuerdo que David en el salmo 37 dice “encomienda a Jehová tu camino”, y al hacerlo está declarando que camina. Pensemos, ¿de qué me sirve saber que hay un buen camino si no lo utilizamos? Es más, ¿puede Dios prosperar el camino al que no camina? Parece que no. Concluyamos con esto: los caminos se hicieron para caminar en ellos.

Ahora sí entremos al concepto. Pablo caminaba en el Camino, y caminaba hacia un lugar, y este lugar es el que el Protagonista del Camino, fue a preparar para los que crean. Pero caminar en el Camino, no se hace solo para llegar, se hace también para utilizarlo para transitar en esta vida terrena. Caminar, en el Camino, es actuar de acuerdo a lo que el Señor del camino ordena, es ser estricto en cuanto a que solo se llega al cielo, caminando en “este Camino”, no en otro. Porque si bien, *todos los caminos llegan a Roma*, solo hay un Camino que conduce al lugar que Cristo fue a prepararnos. No hay otro, por favor, es importante entender que, *no todos los caminos conducen a la salvación*. Y, ¿la frase popular que *a Dios se llega de muchas formas*? Es una de las mentiras sociales más dañinas que existen. Apocalipsis 8:10, declara “La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.” ¡Punto!

*Y cada vez que alguien se opone a “este Camino”, lo está persiguiendo. Y es que al caminar en este Camino, sucede cada maravilla, que hace que algunos al no entender, pues, persiguen*.

¿Mucho juego de palabras? Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, pero, interesante, ¿no?