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8 de Octubre de 2010.

“Caí al suelo y oí una voz que me decía: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?’.” Hechos 22:7

Jesucristo había acercado el Reino de Dios a la tierra, había reclutado discípulos y escogido a doce para que formaran lo que podemos llamar el *petit comité*, pero llegó el momento de enviar la primera misión evangelizadora, y para eso seleccionó setenta que envió de dos en dos. Cuando les daba instrucciones terminó diciéndoles: “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros deshecha, a mí me deshecha; y el que me deshecha a mí, deshecha al que me envió.” (Lucas 10:16). Fue claro Jesucristo y lo dijo otras veces, si uno de los que creyeron en él y lo aceptaron como Salvador, es perseguido y vituperado, es como si lo hicieran con él. En la misma forma que si no se atiende a uno de sus pequeñitos que están enfermos, desnudos, con hambre o en la cárcel, ¡pues no se le atendió a él! (Mateo 25). Esta verdad es de tomarla muy en cuenta, es de entenderla, es de apreciarla y ante todo, *es de practicarla*. Ya porque seamos nosotros los perseguidos o no atendidos, o porque caigamos en el error de no hacerlo con uno de nuestros hermanos, o de perseguirlo. ¿Claro?, estamos seguros que sí.

El apóstol Pablo está frente al pueblo en Jerusalén y les está relatando su testimonio, el cual, desde todos los puntos de vista que se quiera ver, es impactante. Tratemos de recrearlo. Pablo, al igual que muchos religiosos, defendía celosamente su religión, y esta, resaltémoslo, era la religión fundada por Moisés por ordenanza de Jehová. ¿Vemos el punto? Para eso fue educado bajo las enseñanzas de uno de los hombres más doctos en la materia, el maestro Gamaliel, respetado por todos como un maestro y un fariseo de alto nivel. Bien instruido en la Ley Mosaica, fariseo convencido y defensor de lo que creía, veamos el énfasis que le pone al declararlo: “celoso de Dios como lo sois todos vosotros.”. ¿Nos damos cuenta?: *¡celoso de Dios!* ¿Se recuerdan cuando Elías huyó de Jezabel y Dios lo encontró en una cueva?, le dijo a Dios: “sentí celos por ti”. Paremos un momento aquí.

¿Es malo sentir celos por Dios?, creemos que no. Elías actuó bajo miedo y por eso de él se dijo que “era hombre sujeto a pasiones”, pero, ¿recordamos?, Dios se lo llevó sin conocer muerte. Es decir, se puede sentir celos por Dios y por su causa, pero, no por furia como lo que sentía Pablo. Algunos se quieren llevar de muy celosos, y, arremeten, contra las organizaciones eclesiásticas porque lo que pasa dentro de ellas no les gusta. Si vamos al pasaje en donde se relata esta experiencia del profeta Elías, (1 Reyes 19), veremos que Dios en respuesta le muestra su presencia en un ‘soplo apacible’ dándole a entender que lo respaldaba pero que el temor no era parte de su plan. Sentir celos por la causa de Dios puede provocar una reacción inadecuada, y este es el tema de hoy. Pablo, decidió perseguir a los que seguían a Jesucristo porque creía que actuaban en contra de la religión judía; él no había entendido que alguien *mayor que la Ley y que la religión* había venido a la tierra y ejecutado el plan de salvación diseñado por el Dios Todopoderoso que también, había dictado la Ley a Moisés.

Bien, sobre la base de lo anterior declaramos, que el mismo que diseñó el plan de salvación, el mismo que hizo los cielos y la tierra, el mismo que inspiró la Biblia a través del Espíritu Santo, es el mismo que está operando todo lo que pasa en las iglesias en donde se predica a Cristo. ¿Vemos el punto? Puede ser que alguno se halle persiguiendo a Jesús, por perseguir lo que pasa en Su iglesia. ¡Vaya realidad! Pablo pensaba que defendía a Dios y a su causa y el mismo Señor, le dijo, “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Pues el que sea hallado haciendo esto, tendría que poner su nombre en lugar del de Saulo.

En varias oportunidades en esta tribuna hemos insistido en lo peligroso que es combatir los movimientos en donde es innegable que Dios se está manifestando. Pensemos, ¿es obra de los hombres el crecimiento de las iglesias en donde el que dirige y su grey han decidió creerle a Dios? Pablo fue derribado del caballo que montaba y el mismo Señor le confrontó; desde ese momento, el plan de este varón cambió y ejecutó el que Jesús, al que perseguía, le dio. ¿Acaso no es una lección digna de tomar en cuenta?

Vamos, quien quiera que seas, ¡no persigas a Jesús! Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus.