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28 de Junio de 2011.

“No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:2

Cuando se trata de definir la palabra ‘mundo’ la mente tiene que incursionar en una serie de conceptos, que van desde una de las forma para llamar el planeta tierra, hasta la designación de todo lo que es relativo al humano. No puede concebirse el mundo sin los humanos y lo que estos han formado como sociedad. Así se puede hablar del mundo de los literatos, el mundo de los futbolistas, el mundo de los académicos, y, para toda especialidad de actitud humana, pues existe un mundo. Y si de nivel económico se trata, pues diferenciaremos el mundo de los ricos del mundo de los pobres. Quizás las expresiones, *es un mundo diferente al mío, ese no es mi mundo, hay cada clase de mundos, dejar mi mundo para ir al tuyo, *y, otras similares, nos ubica en la diversidad de conceptos que encierra esta enigmática palabra. Basta ir al diccionario y sumergirse en las acepciones que tiene, para confirmar esto que decimos. Pues, bien, una de estas, diferencia los principios de Dios, de los que forman ‘los principios del mundo’, y, surge entonces la designación de dos tipos de vida, la mundana que describe las prácticas de los que no creen ni practican los principios bíblicos, y la espiritual, en la que se sitúan los que sí los creen y practican. A esto se refiere el apóstol al decir que no debemos conformarnos a este mundo.

Pero, es necesario establecer una dimensión dentro de esta acepción, y es el efecto del tiempo en el concepto: el mundo parece ser diferente en muchas cosas dependiendo de la etapa de la historia de que se trate. Así, no es lo mismo el mundo de Noé, al de Abraham, al de los egipcios que descubrieron el papiro, al de la edad media, al de la época de Lincoln, o de Mussolini, o de Hitler, o, el nuestro, ese en que tú y yo vivimos. Hoy sí complicamos la meditación, y sí provocamos la necesidad de parar un momento para que cada uno entienda la magnitud de este concepto, o mejor dicho, de esta variedad de conceptos.

Bien, estamos listos para hacernos una pregunta. Este mundo nuestro, con todo lo que incluye, ¿nos gusta? Dejemos que nuestra mente haga desfilar escenarios. La educación de los infantes. Las fiestas de quince años (o dieciséis en otras latitudes). Los gobiernos de América Latina. Los de USA, Europa, Asia, África, Oceanía. El gobierno de tu país. La violencia. El mercado de las drogas. Las iglesias de todas las religiones. La escala de valores. La forma como los humanos decide su inclinación sexual. Los robos. Los parques sanos de diversiones. Los restaurantes de comida rápida. La forma como los gobiernos municipales planifican los recursos renovables y no renovables. ¿Seguimos?, vamos, no podemos listar todo lo que integra el mundo y sus esquemas. Pero, ¿algo te gusta?, ¿nada?, ¿aquello sí y eso otro no? Piensa: y, a Dios, ¿le gustará algo?, ¿habrá algo que esté de acuerdo a Su buena voluntad, agradable y perfecta?

Paremos de preguntar, cada quién tiene su opinión y su veredicto. Pero, sí hay algo o mucho que te parece que no está bien, entonces, estamos de acuerdo con el consejo del apóstol Pablo. “No os conforméis a este mundo”, y claro que habla del mundo en que él vivía, y todos los mundos de la historia. Transformar algo es cambiarlo de forma, de contenido, es hacerlo bueno si es malo, y hacerlo agradable a Dios, si no lo es. No sabemos cuantas meditaciones has leído, y si además estudias la Biblia y vas a la Iglesia a aprender más. No sabemos, pero solo queremos hacerte una última pregunta: ¿te has transformado renovando tu entendimiento? ¿No?

¿Sabes?, el tiempo es corto, urge que compruebes cual es la voluntad de Dios.

Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, no dejes que el mundo, te absorba.